martes, mayo 10

Pájaros en la cabeza ♫

 
"¿Dónde andas hija mía? Siempre en las nubes"

Miraba a la ventana y soñaba con ser una astronauta pisando la luna
y el cielo lo cruzaban galeones, delfines, cometas, falúas.
Y en la pizarra el profesor dictaba los teoremas.
En su cabeza sonaba el canto de un gorrión, pájaros en la cabeza.
Salía siempre tarde castigada por no estar nunca donde debiera
y en casa le esperaban el tedio y la comida servida en la mesa.
De fondo el rumor de un televisor y su madre suspirando.
y el cielo lo cruzaban galeones, delfines, cometas, falúas.
Y en la pizarra el profesor dictaba los teoremas.
De fondo el rumor de un televisor y su madre suspirando.
"¿Dónde andas hija mía? Siempre en las nubes".El tiempo pasó y todos crecimos
-bueno, no todos, algunos seguían
mirando por la ventana y sobrevolando
la moqueta azul de la oficina.
En el trabajo aún se perdía
en las selva de sus sueños
y un grito le nombraba, le arañaba
y rompía el dulce sortilegio.
Madre aún seguía sirviendo la sopa,
"¿Cuándo sentarás la cabeza?
Un día la abriremos y bandadas de cotorras
escaparán de ella".
Ella sonreía sin dejar
de mirar por la ventana,
soñando mundos mejores,
lluvias que caían sobre parejas que se amaban,
claveles en los fusiles,
barcos que sueltan amarras,
luces de faros, besos de hombres que nunca,
nunca le miraban.
Una mañana de enero nuestra mujer
se subió a lo alto de la Torre España
para ver si al morder el azul gris del cielo
los pájaros callaban.
Mirando absorta la ciudad,
ni el rumor de su pecho escuchaba,
ni a su madre, ni al televisor, ni a la oficina,
sólo un lejano batir de alas.
Cuando nos quisimos dar cuenta
nuestra chica había desaparecido.
Nadie en lo alto de la torre la vio abandonar
la sombra gris del edificio.
Nadie la vio caer al suelo,
nadie oyó sus carcajadas,
sólo el sonido de cien pájaros -o alguno más-
escapando de sus jaulas.
Nada se supo de esta soñadora,
del canto de sus aves,
hasta que llegaron cartas, retazos de sus alas
en forma de postales...