miércoles, octubre 26

Contrainfórmate

La educación es un valor primordial, accesible a todos y a todas por igual, transformada gracias a nuevos instrumentos y nuevos valores, y dirigida a una nueva finalidad. En las nuevas generaciones, precisamente, se depositan todas las esperanzas para luchar por la anarquía.
La confianza que se tiene en el conocimiento como herramienta liberadora va siempre vinculada al compromiso con la cuestión social, al mismo tiempo que es necesario potenciar la individualidad de los/as pequeños/as y su espíritu critico. Nada que ver con la educación burguesa, que empuja a los niños y a las niñas instruirse en criterios meramente utilitarios, dejando a un lado cualquier iniciativa de curiosidad intelectual, de pensamiento LIBRE y de expresión espontánea de las ideas.
Además, se prima una educación egoísta con afán lucrativo, y se CONDENA por revolucionarios/as a los/as que pretenden ''Por medio de la educación y de la solidaridad conquistar para todos y todas los que nuestro antepasado buscaba únicamente para el individuo''. Ellos ven la sociedad tal cual es, reconocen que es mala pero que, sin embargo, debe conservarse porque en ella pueden realizar su ideal: riqueza, poder, consideración, bienestar. Puesto que hay ricos y pobres, poderosos y sometidos, amos y esclavos. Césares que ordenan el combate y gladiadores que van a morir en él, las gentes listas no tienen más que ponerse del lado de los ricos y de los amos, hacerse cortesanos de los Césares. Esta sociedad de pan, dinero, colocaciones, honores; y bien, que los hombres ingeniosos se las arreglen de modo que puedan tomar la mayor cantidad posible de cuantos presentes brinda el destino. Si la buena estrella, al presidir su nacimiento les ha dispensado de toda lucha, dándoles por herencia lo necesario y lo superfluo, ¿de que pueden quejarse? Ellos, los heredados, procuran convencerse de que todo el mundo está tan satisfecho como ellos.

 
Es cierto que los que disponen de medios de fortuna tienen más facilidades que los demás para estudiar e instruirse, pero es cierto también, que tienen muchos más medios para pervertirse y corromperse. Un sujeto adulado, como lo ha de ser siempre un jefe, tanto si es emperador como si es encargado de taller, está expuesto a ser siempre engañado y, por consecuencia, condenado a no saber nunca apreciar las cosas en sus proporciones verdaderas. Está expuesto, sobre todo, por las facilidades que halla para vivir, a no aprender a luchar contra el infortunio y a abandonarse egoístamente esperándolo todo de los otros; su situación le empuja hacia la crápula elegante y grosera, mientras la turba de los vicios se lanza alrededor de él como una bandada de chacales en torno de una presa. Y cuando más se degrada más grande se cree ante sus propios oídos por las adulaciones interesadas: una vez descendido hasta el bruto puede creerse dios, y agitándose en el cieno puede creerse en plena apoteosis. ¿Y quiénes son los que pretenden conquistar el poder para reemplazar a esos privilegiados de la fortuna por un nuevo grupo elegido, considerado grupo de la inteligencia?.
La empancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos, dijo la internacional en su declaración de principios. Esta expresión es verdadera hasta en su sentido más amplio. Sí es cierto que los hombres llamados provinciales han pretendido siempre hacer la felicidad de los pueblos, no es menos cierto que todos los progresos humanos se han realizado gracias a la iniciativa de los revoltosos o de los ciudadanos ya emancipados; es pues, a nosotros quienes directamente nos incumbe libertarnos, a los que continuamos oprimidos de cualquier modo que sea y nos hacemos solidarios de todos los hombres que sufren sobre la superficie de la tierra. Pero para luchar es preciso saber.

Los hombres de arriba limitan su dominio y su esperanza a medida que nosotros, los revolucionaros, tomamos posesión del universo y engrandesemos nuestros corazones. Nosotros nos sentimos hermanos  de todos los seres de la tierra, los mismos de los americanos que de los europeos; así como de los asiáticos y australianos; empleamos el mismo lenguaje para reivindicar los mismos intereses, y aproximamos el momento en que, poseídos del mismos entusiasmo y la misma táctica, baste una sola palabra para levantarse nuestro ejército a un mismo tiempo en todos los rincones del mundo.
"¡Siempre habrá pobres entre vosotros!", repiten con frecuencia los satisfechos y heredados. 


Queremos paz, y no la paz del cementerio. Ciertamente; la divisa de nuestro ideal es armonía entre todos los seres, y sin embargo, la guerra nos rodea por todos lados. A lo lejos, en el horizonte de nuestros campos, nos aparece la guerra todavía como dolorosa perspectiva, porque en la inmensa complejidad de las cosas humanas, la marcha de la paz va acompañada siempre de la fuerza

HAY ALMAS INGENUAS QUE ESPERAN QUE TODO SE ARREGLARÁ DE BUEN GRADO, Y QUE UN DÍA DE REVOLUCIÓN PACÍFICA BASTARÁ PARA QUE LOS DEFENSORES DEL PRIVILEGIO ''CEDAN SIN VIOLENCIA''  A LOS DESEOS DE LOS DESHEREDADOS.

PENSAR, HABLAR Y OBRAR LIBREMENTE.


¡ LIBÉRATE !